Ahí estaba yo, asomada a la ventanilla de un bonito mercedes blanco.
El viento se abría paso entre mi rostro. Pequeñas gotas de lluvia se estrellaban contra el coche y también contra mí. Me sentía feliz, libre, como si estuviera volando, exactamente igual.
Farolas con pequeñas bombillas sin fuerza, intentaban alumbrar el camino. Pasábamos a gran velocidad las calles de la ciudad. Con las luces de lo faros encendidas y con la música a todo volumen.
Sonaba aquella canción, la que tantos recuerdos me traía. Me pasaba las horas escuchándola una y otra vez con los cascos de mi móvil puestos. Cuando la escuchaba a veces lloraba y a veces reía, depende de la situación y del momento. Pero los recuerdos, solo son eso, recuerdos. Fruto del pasado y ahora ya no importan. No quiero pensar más en ellos, aunque en ocasiones no lo puedo evitar. De pronto aparecen en mi memoria sin avisar antes y después desaparecen, no los podemos controlar.
domingo, 28 de junio de 2009
jueves, 18 de junio de 2009
Algo inesperado.

Llegaba el gran día, el examen definitivo que decidiría si Kailer aprobaba esa asignatura o, de lo contrario suspendí.
Fueron pasando los días y aún no había abierto aquél libro, siempre que lo iba a hacer la entraba pereza, o tenía otras cosas que hacer y entonces pensaba: "Estudiaré mañana".
La anterior noche del examen Kailer se quedó estudiando, pero al ver que no era capaz de retener ni una sola frase completa en su memoria, decidió hacerse una chuleta. Era diminuta, casi ni se apreciaban las palabras pero, por otro lado, era perfecta para esconderla sin que la profesora se diese cuenta. Cuando Kailer acabó de escribir toda la lección en aquél diminuto papel, decidió irse a dormir.
Kailer llegó a clase muy tranquila, sin nervios, segura de que ese examen sería muy fácil para ella, al menos si su plan no le fallaba.
Cuando comenzaron a repartir las hojas de los exámenes, Kailer puso la chuleta, con cuidado, entre dos de ellas. Apenas le había dado tiempo a escribir su nombre cuando la profesora arrancó el examen de sus manos, descubriendo el dichoso papel que la llevó directa al suspenso.
Se quedó inmóvil mientras observaba cómo la profesora se dirigía a su mesa junto con el examen. Y entonces una inesperada lágrima resbaló por el rostro de Kailer hasta que se detuvo en su barbilla indecisa. Y entonces, impulsada por el dolor, dio un salto al vacío. Vio cómo la profesora la ponía un perfecto cero redondo y rompía la chuleta que tanto trabajo la costó hacer en trocitos enanos.
Renuncio al Paraiso.

Quiero sentirme como si estuviera en una gran nube. Que nada me afecte, que todo sea reír y saltar, saltar y reír. Jugar durante todo el día sin ningún tipo de responsabilidad, sin ninguna norma. Solo una, que es la de sonreír siempre. Ese no es mi lugar, he cambiado de opinión. No quiero vivir en un lugar en el que todos tienen sonrisa de carnet. Yo prefiero seguir sufriendo a tu lado que sonreír mientras me destruyo por dentro.
miércoles, 17 de junio de 2009
La vida de Kailer.

Kailer era la típica chica de quince años, con sus virtudes y sus defectos. Era guapa e inteligente, pero muy impulsiva, demasiado diría yo. Tuve la oportunidad de conocerla aquél verano, junto a un pequeño parque cercano a nuestras viviendas. Quería resaltar en todo, aunque no siempre lo conseguía. Comenzó a juntarse con otro tipo de gente, gente inapropiada para ella, pero eso la convirtió en popular. Comenzó a dejar de lado los estudios y también fue perdiendo el contacto con sus antiguos amigos. La primera vez que la ofrecieron un cigarrillo, Kailer lo cogió solo por no quedar mal. Comenzó a toser, no la gustaba nada pero, poco a poco la fue gustando más y más hasta el momento de que Kailer se enganchó. Cada calada que pegaba, de aquél pequeño papel enrollado, la quitaba un minuto de su vida, notaba cómo el humo iba entrando poco a poco en sus pulmones, pegándose a ellos y dejándolos cada vez más negros. También comenzó a beber alcohol, sabía que era malo pero, tenía curiosidad por saber cómo te sentías cuando tomabas grandes cantidades. Era una sensación rara, cada paso que dabas, perecía que todo era un sueño. Se comenzó a marear. Al día siguiente, su cuerpo tembloroso y sin fuerzas la dolía, y un fuerte dolor de cabeza no la dejaba pensar con claridad. Kailer decía que así era feliz, pero no sabe que su vida se irá destrozando segundo tras segundo.
domingo, 14 de junio de 2009
Muñecas llenas de perfección.

Cuando éramos tan solo unos niños todos jugábamos alguna que otra vez con aquellas muñecas que ahora están olvidadas al fondo del armario. Soñábamos con vivir en aquél mundo. En el de las sonrisas de plástico, rostros fabricados de porcelana, unos cuerpos de escándalo, toda la ropa que pudiéramos imaginar, coches y casas de lujo, un chico que dure eternamente… ¿Acaso las muñecas no se cansan nunca de ser tan perfectas? Pero me gusta ser imperfecta como todas las demás personas. Pero, ¿sabes qué hay detrás de toda esa perfección? Detrás hay sufrimiento, odio, rencor y ni una gota de felicidad. Prefiero seguir expresando mis sentimientos antes de callármelos y que todos me exploten en mi interior en el momento menos previsto.
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