martes, 7 de julio de 2009

Solo es cuestion de esperar.

Parece que a partir de ahora, todo comenzará a ir bien. Todas las nubes negras que tantas tormentas causaron, comenzarán a marcharse. Ahora, en ni pequeño mundo, solo estamos tú y yo. El Sol vuelve a brillar, y parece que para siempre.





Te quiero.LL]

sábado, 4 de julio de 2009

Una noche espectacular.


De nuevo, otro año más en las fiestas de mi pequeña ciudad.
Llega la gran noche, en la que saldré por primera vez de fiestas a esas horas.

Lo primeo es comprar el alcohol en una pequeña tienda cerca del barrio.
Después, nos dirigimos a beberlo a la orilla del río.
Multitud de gente, alguna bebiendo, fumando, otras simplemente hablando y otras muchas, no saben ya lo que hacen o dicen a causa del alcohol.
Nos acomodamos todos como podemos en un pequeño hueco que hay junto a un árbol, abrimos las botellas y comenzamos a beber. Poco después un gran estruendo se oye en el cielo, y luces de colores explotan encima de nosotros. Los fuegos artificiales me gustan, y no puedo evitar sonreír.

Cuando han acabado vamos a las barracas.
Media luna colgada del oscuro cielo, olor a churros y a algodones dulces, multitud de lucecitas que decoran una parte de la ciudad, alarmas de las atracciones sonando y sobre todo: mucha gente. Nos montamos en tres atracciones y más tarde, todos comenzamos a irnos a casa a esperar impacientes a que a próxima noche llegue.


Todo ha sido espectacular.

Las vacaciones de Kailer.


Por fin comenzaron las vacaciones de Kailer.
Ella y su familia alquilaron una bonita casa con piscina y jardines a sus al rededores. Era grande, bonita, preciosa, era perfecta.

Sus padres salieron a dar un paseo, entonces Kailer aprovechó y cogió un cigarrillo del paquete de Winston que a su madre se la había olvidado sobre la mesa. Después lo encendió con una cerilla que había en la cocina, se puso el biquini y se tumbó bajo el Sol. Aquél primer cigarro después de una semana estaba bueno, no, mejor, estaba buenísimo. Cuando Kailer se acabó el cigarrillo, se fue metiendo poco a poco en la piscina. El agua estaba caliente, exactamente a 29 grados. Cuando ya se había refrescado un poco, su tumbó de nuevo bajo el caluroso Sol junto con otro cigarrillo de Winston en la mano, mientras Kailer pensaba: no me importaría vivir aquí para siempre, aunque, siempre lo mismo. Sol, piscina, paseo y a dormir. Sol, piscina, paseo y a dormir. Sol, piscina, paseo y a dormir. Y por no hablar de las insoportables temperaturas que hay en verano.
Pensandolo mejor, aquél lugar no era para toda la vida, no, ni mucho menos pero para un tiempo no estaba mal. No estaba nada mal.