jueves, 13 de agosto de 2009

Los recuerdos no se arrojan por la ventana.


En el calendario que Kailer tenía colgado en la pared de su habitación, lo tenía todo apuntado. Cada mirada, cada beso, cada caricia, cada palabra y cada sonrisa, y todo en su fecha exacta.

Cuando todo se acabó, Kailer intentó borrarlo de su cabeza, era lo mejor que podía hacer para olvidarse de él pero, cada vez que entraba en su cuarto y veía aquél calendario lleno de recuerdos, todo volvía a entrar en su memoria sin dejarla pensar en nada más que en esa persona que, en su momento, la hizo tan feliz. Arta de esa sensación, Kailer tenía dos opciones: no volver a entrar a su cuarto, o bien, destruir aquél odioso calendario. Como es lógico optó por la segunda opción.

Kailer lo cogió, y con ayuda de unas tijeras, lo hizo pedazos. También destruyó todas esas fotografías y ese dichoso cuadernillo en el que tenía escrito todos los instantes juntos con el más mínimo detalle.

Poco después, su cuarto estaba inundado de pequeños trocitos de papel con palabras sueltas, con trozos de prendas de vestir y con diferentes colores. Kailer los recogió todos, sin dejar ni uno solo y los arrojó por la ventana. Algunos caían lentamente volando de un lado para otro, otros simplemente caían en picado, pero todos acababan estrellándose contra el frío suelo y más tarde iban desapareciendo gracias a la brisa que soplaba.

Kailer hizo eso para olvidarse de todo, pero lo que ella no sabe es que los recuerdos no desaparecen arrojándolos por la ventana, si no que los recuerdos desaparecen con el tiempo.

Una pequeña taza de amor.


El Sol brilla sin problema alguno en el despejado cielo azul. La gente charla alegremente mientras pasea. Y entonces yo, los observo mientras tomo una taza de café en la terraza de un bar cerca de la costa. Le doy una vuelta antes de beber el primer sorbo con una cucharilla de acero. Doy un pequeño trago, está demasiado caliente, a si que lo dejo reposar un poco mientras me distraigo mirando cómo juegan unos niños. De pronto noto una mano en mi hombro, me giro y a continuación aparece tu sonrisa, la que casi ya había olvidado.


- ¿Cómo estas? Hacía tiempo que no nos veíamos ¿verdad?

- Hola, qué alegría verte, siéntate.


Y sin decir ni una sola palabra más, camina hasta la silla que hay justo enfrente de mí se sienta. Vuelve a sonreírme y me mira con esos ojos, los mismos que antes me miraban con tanta dulzura. Pero en ellos hay algo extraño, algo ha cambiado, pero no consigo averiguar el qué.


- Valla, ha pasado mucho tiempo, no nos veíamos desde hace años. Estás irreconocible.

- Tú también has cambiado mucho. Sí, así es, no nos veíamos desde aquél verano en el que te marchaste sin apenas despedirte.

- ¡Oh, venga! ¿Aún me sigues guardando rencor? Sabes que tuve que irme, mis padres encontraron un nuevo empleo en otra ciudad. Además, tan solo éramos unos críos. Lo nuestro tan solo fue un amor de verano.

- ¿Tan solo un amor de verano? Todos estos años he estado pensando en cada día, en cada minuto y en cada segundo que hemos pasado juntos. No he podido borrar ni una sola imagen de mi cabeza. Y aún me paso las noches en vela imaginándome cómo serían nuestras vidas si no te hubieras marchado.

- Creí que ya habías olvidado todo eso. Lo nuestro acabó en el momento que me fui para no volver más.

- Estás equivocada, lo nuestro nunca acabó y nunca ha acabado. Al menos para mí.

- ¿Entonces por qué no me escribiste ninguna carta? Las estuve esperando.

- ¿Cómo que no te escribí ninguna? Te escribí trescientas sesenta y cinco cartas, una por cada día, durante todo un año. Después perdí la ilusión y dejé de escribirte, pensé que te hubieses cambiado de casa.

- No me lo puedo creer. ¿Me escribiste trescientas sesenta y cinco cartas? No he recibido ni una sola. Creí que también te habías olvidado de mí, pero ahora veo que no. A partir de este momento descubriremos lo que hubiese pasado si me hubiera quedado junto a ti. Si tú quieres claro.

- ¿Cómo no voy a querer? El tiempo para mí no ha pasado, todo sigue siendo como aquél verano. Solo hemos necesitado un pequeño paréntesis en nuestras vidas para darnos cuenta de lo tanto que nos necesitamos el uno al otro.

[ El diario de Noa ]

Mi pequeño prisionero.


Tengo un prisionero escondido donde nadie lo pueda ver, donde nadie lo pueda encontrar. Está sujeto por una gruesa cuerda, es imposible que se libere de ella.

Dice que quiere marcharse a un lugar mejor, que conmigo no es feliz. Por una parte tiene razón, ya se ha roto varias veces. Pero no ha sido mi culpa. Me imagino cosas que luego no se hacen nunca realidad, y cuando me doy cuenta… ¡Ploff! Enseguida se hace pedazos. A lo largo del tiempo se reconstruye, pero siempre le queda alguna cicatriz que recuerda aquellos malos momentos aunque a la vez bueno.

Prometo no volverme a ilusionar, prometo no volverme a enamorar. Hablo de mi pequeño corazón, el que tanto ha sufrido.

De acuerdo, he cometido un grabe error, te soltaré y tú decidirás si te vas o de lo contrario te quedas, pero por favor, no me guardes rencor.

[…]

(: