sábado, 21 de noviembre de 2009

6/Nob.LL)

El 6 de noviembre iba a ser un gran día para Kailer, aunque demasiado largo. Ella, junto a sus amigos, se dirigieron hacia la puerta por donde se entraba al interior de la carpa, solo había un grupo de chicas a si que Kailer y sus amigos extendieron los cartones sobre el frío suelo y se acomodaron, aún les esperaba siete horas de espera.
Se entretuvieron como pudieron: jugando a las cartas, escuchando música, charlando entre ellos, haciendo fotos, etc.

Después de unas cuantas horas, por fin, comenzaron a abrir las puertas. Llegaron los nervios, los empujones y sobre todo la estúpida gente que se intentaba colar.
Unas personas con chalecos reflectantes comenzaron a revisar las entradas. En cuando Kailer s la entregó, echó a correr en dirección al escenario.
Era más grande de lo que Kailer se había imaginado. El escenario era gigante, estaba lleno de luces de diferentes formas y colores, era mágico.
Después de unos minutos de espera, encendieron una enorme luz sobre el escenario, y justo debajo, aparecieron ellos, Pereza. Kailer estaba eufórica, no se podía creer que estuviesen tan cerca, tan solo a unos pocos metros de ella.
Entre gritos y saltos que venían de las fans, comenzaron a cantar una canción tras otra. Pereza se comenzó a despedir del público. Ya habían pasado dos horas y a Kailer se la había hecho muy corto, demasiado corto.

Salieron de la carpa todos juntos, y poco a poco se fueron dispersando camino a sus casas.
Kailer en cuanto entró por la puesta de casa, lo primero que hizo fue ponerse su pijama azul de rayas y meterse a la cama. El día había sido agotador, pero mereció la pena las siete largar horas de espera. Es más, Kailer lo volvería a hacer solo por ver a su grupo favorito.
Todo fue espectacular, uno de los mejores días de Kailer. Un concierto perfecto, ni soñado. Habían sido los veintidós euros mejor invertidos en toda la vida de Kailer, sin duda.