domingo, 31 de mayo de 2009

Lo siento.


No puedo seguir llorando en cada rincón que encuentre en mi camino, no puedo pasarme todas las noches en vela, no puedo fingir que todo está perfecto si es mentira. Si sigo así todo mi mundo caerá conmigo. Cuando estaba contigo, parecía que el tiempo se detenía, que mi felicidad sería eterna y que nuestra historia jamás se acabaría. Pero todo eso, yo solita lo destrocé en apenas unos segundos. Ya nunca se podrá arreglar. Me da miedo el solo hecho de mirarte por si volvía a sentir de nuevo algo. Creo que quieres pedirme perdón, pero yo no te tengo que perdonar, eres tú el que me tiene que perdonar a mí. Sé que nunca te lo he dicho antes pero, lo siento.

viernes, 29 de mayo de 2009

No sé quién eres.


Desde este lado de la orilla no consigo oír tu voz. Tampoco consigo ver tu cara, solo la forma de tu silueta. Quiero gritar tu nombre pero me es imposible, no sé cómo te llamas. ¿Por qué no cruzas nadando el mar que nos separa?. Estoy confusa, no sé ni quién eres tú ni quién soy yo.

Colores.


Mi mundo estaba lleno de ilusiones, fantasías y colores. Me gustaría no haberte conocido nunca porque tú hiciste que comenzara a llover, que el Sol desapareciera, y píntate todo de negro. Aunque no te saldrás con la tuya porque, cogeré una brocha y devolveré a mi mundo su color de antes. Lo volveré a pintar todo y tú desaparecerás. Lo prometo.

viernes, 22 de mayo de 2009

El tiempo ha terminado.


El tiempo pasa y yo sigo esperando a que regreses. Un día tras otro te imagino llamando a mi puerta, con un hermoso ramo de rosas en la mano, arrodillado y rogando mi perdón. Pero ya es demasiado tarde, te estuve esperando toda mi vida y tú no apareciste. El tiempo ya ha terminado. Ahora que ya estoy en el cielo, nunca sabré si me quieres o no.

Noche desafortunada.


Después de una larga noche con mis amigos y grandes cantidades de alcohol u nicotina, regresé en autobús a mi casa, como de costumbre. Me sentía un poco mareada, a si que apoyé la cabeza contra la ventana. Me entretenía enervando los árboles, los edificios y los coches pasar. Estaba impaciente por llegar a casa y tumbarme sobre la cama para poder descansar. Cada momento que pasaba me encontraba peor. Tenía miedo de que mi familia notara que había estado bebiendo, porque no depositarían la misma confianza en mí y posiblemente me castigarían. El autobús comenzó a acercarse a la parada que estaba en frente de mi casa, a si que me levanté de mi asiento como puede y pulsé el botón rojo para solicitar la parada. Cuando el autobús se detuvo, bajé de él y crucé las calles estrechas y oscuras hasta llegar a mi portal. Metí la llave en la cerradura, llamé al ascensor y pulsé el número de mi piso, después abrí la puerta de casa y fui directa al baño. Aún sentía un fuerte mareo y me encontraba aturdida... Me refresqué un poco con agua fría y me dirigí a mi cuarto. Me desplomé rendida en la cama y, sin haber cenado, me quedé dormida. A media noche me desperté con un mal sabor de boca y con la garganta seca, a si que fui a beber agua y después a lavarme los dientes, me bebí una botella y media de agua. Cuando terminé me volví a la cama y me quedé dormida. A la mañana siguiente cuando me desperté, hice lo mismo que a media noche, pero esta vez notaba un insoportable dolor de cabeza, entonces me fui a tomar una aspirina. Pensé que una ducha de agua fría me sentaría bien, a si que me metí al baño, me desnudé y entré en la bañera. Cuando me estaba aclarando el pelo, sentía como me temblaban las piernas pero, pensé que se me pasaría y continué duchándome. A continuación empecé a ver todo negro, era la misma sensación que cuando te levantas de la cama a oscuras y de pronto entras en una habitación con demasiada luz. Cada vez veía el cuarto de baño más y más negro hasta las piernas me fallaron y caí al suelo de la bañera. De pronto oí una voz: “¡¿Qué ha pasado hija? He oído un fuerte ruido, ¿estás bien?!” Era la voz de mi madre preocupada. Cuando reaccioné, contesté débilmente “¡Sí mamá, no te preocupes, estoy bien!”. Me di cuenta de que estaba en el suelo de la bañera, me dolía la cabeza, y es que me habría golpeado al desmallarme. Me levanté y salí de la bañera, aún me temblaban las rodillas. Me enredé en una toalla, me senté en la taza del retrete y llamé a mi madre para contarla lo ocurrido. Me aconsejó que metiera la cabeza entre las rodillas, y poco a poco el mareo fue desapareciendo. Llamamos al centro de salud para hablar con mi doctor. Entramos en la consulta y el médico mando esperar fuera a mi madre, cuando solo estábamos él y yo me dijo: “Se que has estado bebiendo, si vuelves a probar una sola gota de alcohol sufrirás una muerte lenta y dolorosa”. Me quedé anonadad, todo el cuerpo me temblaba. Y desde aquél mismo momento, ni una sola gota de alcohol se ha vuelto a deslizar por mi garganta. Pero, ¿hasta cuando podré resistir?

miércoles, 20 de mayo de 2009

Mi felicidad dejó de existir.


En medio de un pequeño claro del bosque, estábamos los dos solos. Parecía una imagen sacada de un cuento de hadas. De pronto de plantaste frente a mí y me dijiste que no me querías. Sentí como me fallaban las piernas, por un momento creí que me iba a desplomar contra el suelo, pero hice un intento para mantenerme de pie. Dijiste que no era lo suficientemente buena para ti, aunque yo ya había estado pensando eso en otras ocasiones. Era estúpido que una chica como yo, estuviera con alguien como tú, era casi inimaginable. Sin decir ni una sola palabra más, desapareciste para siempre. Caí rendida en el suelo, y allí perdí la noción del tiempo hasta que me percaté de que tenía el pelo empapado, y es que había comenzado a llover. Decidí quedarme allí, ya no tenía ninguna gana de seguir viviendo. Mi felicidad ya no existía, tú te la llevaste.

martes, 19 de mayo de 2009

Te seguiré queriendo.


Cuando te enamoras de una persona, esa persona es más importante que tu propia vida. No quieres que desaparezca nunca y deseas estar con ella para siempre. Pero cuando eso no es posible, sientes que el mundo se hunde bajo tus pies sin que tú puedas hacer nada para evitarlo. Solamente puedes lamentarte. Desearías borrar todos esos preciosos recuerdos de tu memoria que algún día te hicieron feliz pero, ¿cómo olvidar a tu propia vida? Porque eso es lo que él ha sido para mí, y aun lo sigue siendo pero perdonar tantas cosas que te han hecho tanto daño no es bueno. He decidido olvidarte. Pero aunque lo haya conseguido, recuerda que te seguiré queriendo.