martes, 23 de marzo de 2010

No consigo conciliar el sueño.

Tumbada en mi cama sin parar de dar vueltas, intentando dormir pero me es imposible. Solamente veo oscuridad, hasta cuando tengo abiertos los ojos. Me gusta dormir completamente a oscuras, así no puedo ver esas cosas que tanto miedo me dan.

Pasan los minutos, parecen horas. La noche es interminable y no consigo conciliar el sueño. Me pongo la música del móvil y de pronto suena una canción elegida al azar “Si no puedo dormir salgo a pasear”. Lástima que mis padres estén en casa, sino, ya hubiese hecho lo que la letra de la canción dice.

Abro la ventana con cuidado, procurando no hacer demasiado ruido y me enciendo un Malboro mientras me entretengo contando las estrellas.

Comienzo a escribir un mensaje con mi nuevo Samsung. ¿Destinatario? Él.

Al poco tiempo mi móvil vibra. Ha respondido y no puedo evitar sonreír, ni tampoco pensar en él.

lunes, 8 de febrero de 2010

La lujuriosa Gabriella.

Allí estaba ella, sentada en la barra del pequeño bar al que solía acudir siempre. No tenía demasiada luz, para que nadie pudiese fijarse en las terribles ojeras que tenía causadas por la fiesta a la que acudió el anterior día.
Su nombre era Gabriella. Su largo pelo castaño la caía por encima de sus hombros. En su rostro destacaban sus grandes y marrones ojos, demasiado maquillados con sombra negra, y pegados a ellos unas largas pestañas llenas de rímel. Eso la hacía aparentar más mayor, y la gustaba.
En la mano sostenía un chupito de Tequila, el cual se lo bebió de un trago. Debió de arderla la garganta pero la verdad es que no dejó escapar ninguna expresión delatadora.

Gabriella no paraba de mirar al camarero, le parecía muy atractivo. En ese mismo instante se acercó a ella y comenzaron a hablar.
- ¿Estás esperando a alguien?

- No, solo intento ordenar un poco mis pensamientos Tengo demasiadas cosas en la cabeza.

- Pues creo que el Tequila no te va a ser de gran ayuda.

- No estés tan seguro, al menos me ayudará a olvidar.

- Si quieres puedo acompañarte a casa, mi turno acaba de terminar.

- No gracias, no te preocupes, creo que sabré llegar.

Gabriella pegó un pequeño salto para bajar del taburete pero tropezó al hacerlo. No se imaginaba que el Tequila le fuese a afectar tanto.

- Creo que lo mejor será que te acompañe.

Sin que a Gabriella la diese tiempo a contestar, el camarero la agarró de la cintura y comenzaron a caminar. Una vez en la puerta de su casa, Amelie le invitó a pasar dentro. Se sentaron los dos en el sofá, una muy cerca del otro y comenzaron a hablar.

- Por cierto, mi nombre es Henry pero me puedes llamar Hen.

- El mío es Gabriella, pero me puedes llamar Gabri.

Henry dejó escapar una pequeña risita.

- Qué pasa, ¿no te gusta mi nombre?

- No, no es eso.

- ¿Entonces, porqué me miras de esa forma?

- Llevo tiempo observándote desde el otro lado de la barra y por fin hoy consigo conocerte.

Henry se acercó aún más al rostro de Gabriella. Ella se apartó un poco para poder mirarle a los ojos.

- Ya me han hecho daño otras muchas veces, y no quiero que me lo vuelvan a hacer.

- Te prometo que después de pasar esta noche juntos no te soltaré nunca.

- ¿Estás seguro?

- Más que nunca.

Entonces Henry volvió a acercarse al rostro de Gabriella, y esta vez no se apartó. Un lujurioso beso les llevó a pasar juntos aquella noche.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Odioso invierno.


Era un día de pleno invierno, con un intenso frío que se colaba por debajo de la ropa hasta llegar a la piel apenas sin darse cuenta. Uno de los típicos días que solo apetece quedarse refugiada en el calor de tu hogar, pegada al radiador, casi abrasándote.

Odio esos días, esos odiosos días en los que no te apetece hacer nada o no lo puedes hacer porque hace demasiado frío al otro lado de las ventanas.

Sales abrigada, con tantas capas de ropa que pueden hasta llegar a confundirte con una cebolla, pero nunca es suficiente, siempre vas a tener frío. Antes de salir de casa, te tiras horas y horas arreglándote el pelo para salir con el casi perfecto pero nada más cruzar la puerta, una ráfaga de frío viento, viene y te lo estropea todo, revolviéndote todo el pelo, creándote nudos que luego es imposible deshacer.

Definitivamente, odio el invierno.

sábado, 21 de noviembre de 2009

6/Nob.LL)

El 6 de noviembre iba a ser un gran día para Kailer, aunque demasiado largo. Ella, junto a sus amigos, se dirigieron hacia la puerta por donde se entraba al interior de la carpa, solo había un grupo de chicas a si que Kailer y sus amigos extendieron los cartones sobre el frío suelo y se acomodaron, aún les esperaba siete horas de espera.
Se entretuvieron como pudieron: jugando a las cartas, escuchando música, charlando entre ellos, haciendo fotos, etc.

Después de unas cuantas horas, por fin, comenzaron a abrir las puertas. Llegaron los nervios, los empujones y sobre todo la estúpida gente que se intentaba colar.
Unas personas con chalecos reflectantes comenzaron a revisar las entradas. En cuando Kailer s la entregó, echó a correr en dirección al escenario.
Era más grande de lo que Kailer se había imaginado. El escenario era gigante, estaba lleno de luces de diferentes formas y colores, era mágico.
Después de unos minutos de espera, encendieron una enorme luz sobre el escenario, y justo debajo, aparecieron ellos, Pereza. Kailer estaba eufórica, no se podía creer que estuviesen tan cerca, tan solo a unos pocos metros de ella.
Entre gritos y saltos que venían de las fans, comenzaron a cantar una canción tras otra. Pereza se comenzó a despedir del público. Ya habían pasado dos horas y a Kailer se la había hecho muy corto, demasiado corto.

Salieron de la carpa todos juntos, y poco a poco se fueron dispersando camino a sus casas.
Kailer en cuanto entró por la puesta de casa, lo primero que hizo fue ponerse su pijama azul de rayas y meterse a la cama. El día había sido agotador, pero mereció la pena las siete largar horas de espera. Es más, Kailer lo volvería a hacer solo por ver a su grupo favorito.
Todo fue espectacular, uno de los mejores días de Kailer. Un concierto perfecto, ni soñado. Habían sido los veintidós euros mejor invertidos en toda la vida de Kailer, sin duda.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Estúpida canción.


¿Otra vez esa maldita canción? ¡Joder! Que no quiero oírla. Me recuerda a ti y eso no me gusta. No quiero recordar esas largas conversaciones debajo de mi portal, ni el sonido de mi móvil cuando llamaba mi madre ordenándome que fuese a casa, pero la colgaba y seguíamos con nuestra tertulia, siempre con una sonrisa dibujada (:

Tampoco quiero recordar el beso que me dabas de despedida, ni esos abrazos tan dulces…

¡PARA, PARA, PARA!

Ya empiezo otra vez… Siempre igual, cada vez que esa canción suena.

Estúpida canción, Estúpida canción, Estúpida canción, Estúpida canción, Estúpida canción, Estúpida canción, Estúpida canción, Estúpida canción, Estúpida canción, Estúpida canción, Estúpida canción, Estúpida canción, Estúpida canción…

La odio, la odia con todas mis fuerzas. No te lo mereces, no te mereces ni que piense en ti. Total parqué, si luego no eres capaz ni de mirarme a los ojos. Tú mismo lo dijiste, eres jilipollas.

¡Joder que no! Pero vete de una maldita vez de mi cabeza, de mi vida e incluso del mundo :(

Dos años, dos putos años detrás de ti y nada, no sabías ni que existía. Ahora que ya lo sabes, todo muy bonito, todo perfecto pero después el señorito cambia de opinión. :/

¿Para qué me dejas hacerme ilusiones si no querías nada? Haberlo dicho a tiempo y no hubiese pasado nada de estos, tú por tu camino y yo por el mío. Pero yo como una imbécil me creo todo lo que me dicen. Y no solo eso, si no que sigo escribiendo sobre ti. ¿Para qué? Pues no tengo ni idea, escribo lo que siento y ya está.

Quiero que desaparezcas joder, o mejor, quiero desaparecer yo.

Os debo una cuantas.

Los amigos siempre están a tu lado, ayudándote con tus problemas, escuchándote y dándote su opinión. Pero dónde estuvieron esa noche en la que no podía dormir, en la que me senté en la cama sin parar de llorar, en la que me quemé la cabeza solo pensando en él. Sí, esa misma, la misma que estuve mirando por la ventana de mi habitación mientras escuchaba música con los cascos de mi móvil, la misma que de puro aburrimiento escribía textos estúpidos sobre mis sentimientos, a los que nadie les importa, ni se molestan si quiera en leerlos. Pero bueno, al menos me desahogo. Deberían inventar un amigo que estuviese las veinte cuatro horas del día contigo, a tu lado, sobre todo por las noches que es cuando más te da por pensar en todo un poco y cuando más necesitas la opinión de alguien para tomar alguna decisión. Aunque… ahora que lo pienso, esos amigos ya existen, no están sentados al lado tuyo pero con unos cuantos mensajes todo se acaba arreglando.

Gracias a ciertas personas que en esas noches tan largar, me envían un pequeño mensaje dándome ánimos :)
Gracias de verdad por esas palabras que siempre me sacan una sonrisita de la cara. A lo mejor os parece una tontería pero para mí es muy importante. Gracias chicas, os debo unas cuantas (:



[palomitasquehacenplof] & [Carmela]

domingo, 6 de septiembre de 2009

Palabras, palabras y más palabras.

Todo genial, todo perfecto. Mientras todo valla así, todo estará bien.
Siempre en unas cuantas letras, todas sin sentido, me haces sonreír. No sé si será porque me hace gracia lo que pones, o simplemente porque me alegra todo lo que venga de ti.
No lo sé, pero el caso es que me gusta esa sensación. :(